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Mal tiempo y Barbarita.

  • Ramón Ger Pérez
  • 24 sept 2016
  • 4 Min. de lectura

Recuerdo que corrían los años 60 y quizás los principios de los 70 del pasado siglo, nosotros vivíamos en el edificio Raúl Sancho, en la calle San Miguel y Virtudes, una anciana, que caminaba diariamente la calle San Miguel viniendo desde el “Almacén de Las Quince Letras” y hacia la Central y en sentido contrario desandando sus pasos, raqueando de extraña figura, bajita, delgada, tez morena muy quemada por el sol tropical, los cabellos blanquecinos enmarañados claman a los cuatro vientos por un urgente aseo, camina doblada cual si cargase sobre sus hombros un enorme fardo, ayudada por un nudoso bastón consistente en un palo recogido del monte, su instrumentaría tan estrafalaria como su figura al igual que su pelo denotaban la falta de una gran limpieza, seguía constantemente a un personaje más joven, su hija que a todas luces denotaba una enfermedad mental tan sucia como su progenitora. Eran “Mal tiempo y Barbarita”.


Nadie sabe porque la llamaron Mal Tiempo, o Motoneta, el asunto es que un día apareció y luego llegó la pequeña, así comenzaron a recorrer la ciudad, todas las calles les resultaban sitios comunes, no eran ajenas en ningún lugar, dicen que vivían por la periferia de la ciudad en una humilde casita de la que no está muy clara su ubicación que se pierde entre la Chirusa, los Sirios, o el Condado, pero ambas dormían donde les agarrara la noche.


Alguien me dijo un día que la susodicha Mal tiempo, se llamaba Amada Sánchez y tenía familia, pero era ingobernable, tenía esquizofrenia y Barbarita fue fruto de una violación en sus años mozos, madre e hija tenían un ojo cubierto por una nube, lo que las hacía más vulnerables a los peligros diarios de la ciudad. La madre prestaba atención a su hija dentro de su mundo de desequilibrios siempre pendiente de ella, quizás no quería para su hija la experiencia que había tenido que soportar en su juventud por la violación, quien sabe que pasaba por aquella cabecita encanecida y de pelos ensortijados y sucios, así Barbarita, delante, detrás Mal Tiempo iban conversando constantemente, no se sabe que cosas, en tono bajo, se apreciaba ternura, en el parloteo otras veces discutían, en esos momentos gesticulaban mucho al calor de la porfía, llamando mucho la atención y provocaba risas entre los transeúntes.


En ocasiones por no decir que la mayor parte de su recorrido, una turba de chiquillos le rodeaba, a la vez que mofándose le gritaban… “Mal Tiempo”…… Baarbaarita… tiene noviooo!.... o adultos, sin otro oficio que de herir a los más necesitados y desprotegidos; Inmediatamente la mujer se alzaba la falda y mostraba sus partes intimas, si podía agarraba una piedra, botella o cualquier objeto para lanzarlo contra quienes le mortificaban. Todos corrían hasta escapar a la agresión, mientras el dúo seguía su camino, todo esto sucedía a la vez que profería una sarta de palabrotas obscenas, esta escena fue muy cotidiana diariamente en esa época creo que no hay santaclareño que pase de los 50 que no las recuerde, el imaginario popular hace de esto las suyas si en Santa Clara caminas por una acera estrecha que son casi el cien por ciento de las mismas en pareja o en un pequeño grupo tendrás que hacerlo de uno en fondo por la estreches entonces siempre encontraras quien te diga se parecen a Mal Tiempo y Barbarita, o los que tienen hijas casamenteras y las empiezan a celar, entonces aparecerá siempre un amigo que te suerte sin más preámbulos ¡Mal Tiempo, Barbarita tiene novio!, los más viejos lo tomamos a joda y nos transportamos al pasado, Los más jóvenes cada vez que alguien hace alusión a la pareja inquieren para saber qué significa la frase, y quienes los personajes que la motivaron, siempre hay alguien que hace la historia, y entonces al saber de dónde proviene la frase te dicen entre medias risas, no hay que exagerar, no es para tanto.


La madre estando en el asilo Marta Abreu, ubicado en la calle San Miguel en Santa Clara, sufrió una caída, que le fracturo la cadera, producto de la misma fue en intervenida quirúrgicamente, en el antiguo Hospital Provincial de Santa Clara, allí murió debido al postoperatorio, en el asilo Marta Abreu también estaba Barbarita, pero aquí se pierden sus huellas en el tiempo, dicen que fue internada en el asilo de dementes crónicos de Corralillo algo que no he podido confirmar, no sabemos si sobrevive aun muy anciana o ya, hace compañía a su madre, por mucho que indagues no encuentras que paradero siguió, nadie sabe, nadie las recuerda, no hay lugar en nuestra ciudad que haga mención a la misma, no hay fotos de ellas, solo prevalecen como pálidos recuerdos en la mente de algunos santaclareños de la época que se niegan a enterrar el pasado, como la santaclareña Marta Hernández Casas, de quien fue la única persona que encontré un artículo en INTERNET sobre ellas, del cual junto a mis vivencias y las anécdotas de amigos y conocidos pude conformar su historia y utilizo sus propias palabras para definirlas, “Puede que hasta fueran locas. Pero fueron las mías, las de mi generación, forman parte de los recuerdos de la juventud, al recordarlas experimento la misma nostalgia que cuando escucho la música de ese tiempo, o veo las fotografías de los 15 de alguna amiga que ya anda con los nietos de la mano.


El Dúo Los Compadres (Lorenzo Hierrezuelo y Compay Segundo), le dedicaron una canción que se hizo famosa, y que comienza diciendo así:


Mal tiempo, Mal tiempo, Barbarita tiene novio,

Mal tiempo, Mal tiempo, Barbarita tiene novio,

Mal tiempo es una señora pintoresca de Las Villas,

La pobrecita no brilla porque se pasó de hora,

Mal tiempo, Mal tiempo, Barbarita tiene novio,

Mal tiempo, Mal tiempo, Barbarita tiene novio,

Barbarita la controla, la controla y descontrola

Porque dice: Amadita tú hablas más que una lora.


Y Finaliza:


Mal tiempo, Mal tiempo, Barbarita tiene novio,

¡Mi hija es menor de edad!

Santa Clara si...



Así han pasado de generación en generación, envueltas en el hálito del misterio y del amor popular, por ello quiero dejar constancia de estos dos personajes pintorescos, estampas de mi pueblo natal, que forman parte de la idiosincrasia santaclareña, para que una forma u otra mantener vivo su recuerdo.

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