Memorias de un largo camino para construir un monumento de homenaje póstumo, a la benefactora santac
- Ramón Ger Pérez
- 27 dic 2019
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Marta de los Ángeles Abreu y Arencibia, sin duda la primera y más ilustre de los hijos de Santa Clara, la excelsa matrona, había nacido en Santa Clara, el 13 de Noviembre de 1845, en el seno de una opulenta y acaudalada familia, durante su vida practicó la caridad a manos llenas para sus conciudadanos y para la villa que la vio nacer, y de lograr una patria libre y soberana; fueron muchísimos los beneficios que aportó a los santaclareños esta excelsa señora, la prócer santaclareña y excelsa señora fue, una de las precursoras del Servicio Social en nuestra isla. Amó con profunda intensidad a su ciudad natal y en ella dejó imperecederas obras en beneficio creciente de las capas más desposeídas de la sociedad, haciendo donaciones de dinero y objetos de carácter artístico u ornamental.
En diciembre de 1908 viajó a París. Se disponía a regresar a Cuba cuando enfermó de apendicitis y tuvo que ser intervenida quirúrgicamente de urgencia el día 31 del propio mes, asumiendo esta tarea el gran médico cirujano (nacido en Sagua la Grande), y amigo íntimo de Marta, Joaquín Albarrán, la operación se complica produciéndole una septicemia generalizada, el 2 de enero de 1909 fallece la excelsa dama a la edad de 63 años, más de un centenar de prestigiosos periódicos del país reseñaron el suceso y dejaron testimonio de intelectuales y patriotas encogidos por el dolor de la irreparable pérdida, conocida la noticia en Santa Clara, causó un inmenso revuelo y hondas manifestaciones de dolor por el inesperado fallecimiento de su hija predilecta, quien en su momento había rechazado el título de Condesa de Villaclara que le quería adjudicar la monarquía española en 1895.
Inmediatamente surgió la idea de hacerle un digno monumento en su honor, idea salida del propio pueblo, así lo refiere Florentino Martínez en un documento titulado Memoria de los trabajos realizados por la comisión gestora del monumento erigido a la benefactora villaclareña e insigne patricia Marta Abreu de Estévez, publicado en Villaclara, Clapera Impresor, Gral. Machado 13, 1924. Creada la Comisión Gestora para tales efectos, acomete los primeros intentos para recaudar fondos para tan noble propósito, el 26 de noviembre de 1909 la misma publica en la prensa local el primero de sus anuncios públicos que subscribía:
“Sr. Director del periódico La Publicidad, Las Villas, La Ristra, -Muy Sr. nuestro.
Hecho público el acuerdo de esta Junta de dejar sin efecto la recolecta de objetos para celebrar un bazar, con cuyos productos se ayudaría a la construcción del monumento que ha de llevarse a efecto en esta Ciudad, para perpetuar el recuerdo de la desaparecida villaclareña Marta Abreu de Estévez; la Comisión que suscribe desea hacer público, nuevamente, que en virtud de haberse presentado una Comisión de Señores y Señoritas, del seno de esta Sociedad, comprometiéndose con esta Junta a llevar a efecto la recolecta de objetos para el bazar, se deje sin efecto el anterior acuerdo, de la devolución de los objetos (...), a cuyo fin quedarán en poder de las referidas damas, siendo esta Junta responsable y la llamada a entenderse con las personas que deseen consultar algún particular. (...)”
Así comienza un largo y tortuoso camino hacia la consecución del objetivo de erigir el monumento en cuestión, pero a pesar de los esfuerzos, poco avanzó la iniciativa citadina, el 22 de mayo de 1915, casi seis años después la sesión del Ayuntamiento reseñaba la incorporación de Rosalía Abreu, hermana de Marta, al proyecto y su recomendación de que fuera el escultor francés Augusto Maillard, quien llevara a efecto la obra, quien fuera considerado un gran artista y había conocido personalmente a la Benefactora, esta propuesta es aceptada de inmediato y de manera unánime por la Junta, pues nadie mejor que la Sra. Abreu, por su reconocida solvencia, por su refinado gusto artístico, por sus relaciones con artistas extranjeros y por ser hermana de Marta, para encargarse de misión tan delicada e importante. En esta sesión se discutió la elección del sitio para el emplazamiento del monumento, algunos formularon la idea de trasladar el obelisco erigido en memoria de los presbíteros Conyedo y Hurtado de Mendoza al lado sur de la Glorieta para ubicar el Monumento de Marta en el sitio que quedaría libre, lo que quedó sin efecto porque todos convinieron que era arriesgado remover el obelisco, pues pudiera sufrir desperfectos.
A pesar de numerosos contratiempos, continuó la junta reuniéndose periódicamente, y otras veces esporádicamente, siempre con el recóndito propósito de llevar a vías de hechos el sueño de los santaclareños por homenajear a su caritativa coterránea, el 7 de junio de 1916 se acordó la suma de 14 mil pesos como costo total del monumento, que para entonces, en boceto, encaminaba el escultor Maillard en París. No obstante, habría que esperar dos años más para que cuajara la idea del Monumento, la Primera Guerra Mundial (1914-1918), a la par de todos estos acontecimientos vino a sumarse entre los tantos avatares que demoraron el ansiado homenaje y la culminación de la estatua de Marta en bronce, pues los continuos bombardeos alemanes a París, obligaron al escultor a trasladar su estudio a otra localidad francesa y dilataron la obra.
No es hasta el 27 de febrero de 1918, cuando en del Junta del Ayuntamiento se dio a conocer el contrato firmado entre Rosalía Abreu y el escultor francés Maillard, en el mismo en una de sus acápites expresaba: “La estatua sentada de la Sra. Abreu será en bronce con patina dorada y medirá en esa posición 1,80 metros (...), Con la base, que será igualmente de bronce, y contando con el encogimiento de la fundición del metal, la estatua en su conjunto, en la posición sentada, medirá 1,85 metros. Los bajos-relieves, en número de tres, serán colocados sobre los costados laterales, y sobre la cara posterior del zócalo, y medirán de 0,85 a 0,90 metros de alto (...) serán igualmente de bronce con patina dorada, del mismo modo que el escudo de armas de Santa Clara y los contrafuertes que irán sobre los cuatro ángulos del zócalo. El zócalo será de granito rosa pulido de Irlanda, y no medirá menos de 2,50 metros (...) El conjunto del Monumento no tendrá menos de 4,35 metros, comprendiendo la estatua y el zócalo. En esta misma sesión se aprobó la dedicatoria que contendría el monumento, en virtud a un concurso convocado por el periódico El Eco de Villaclara, fue elegida por mayoría la propuesta del poeta Juan Evangelista Veitía Valdés, y dice así: “1845 - 1909 A LA AUGUSTA MEMORIA de Marta Abreu de Estévez, encarnación sublime de la Caridad y del Patriotismo, erige este Monumento el cariño de su pueblo. VILLACLARA 1918”.
Todo lo relatado aquí se debe gracias a la explícita Memoria descrita por Florentino Martínez, pasan los meses y la obra sigue dilatándose, con el transcurso de los meses años surgen modificaciones a las decisiones tomadas con anterioridad. Así, en sesión del 20 de diciembre de 1919, se acordó por nuestro Ayuntamiento aumentar en dos mil pesos el precio convenido con el escultor y sustituir el granito rojo del pedestal de la estatua por otro de color gris, dada la imposibilidad de conseguirlo, con la condición de que fuera pulido. Simultáneamente con estos acontecimientos, en la ciudad se venía librando una batalla entre los defensores y detractores de la demolición la Iglesia Parroquial Mayor que existía en pleno parque Vidal, lo que demoró más de lo inicialmente pensado, es en el año 1921 que se somete a consideración del Consejo Provincial, el proyecto de acometer el derrumbe del templo, aprobándose la adquisición mediante compra o expropiación de las propiedades de la Iglesia, y se aprueba el derrumbe de los mismos, y la construcción de la ampliación del “Parque Republicano”, teniendo en cuenta el plano de abril de 1915, en el cual según el Ayuntamiento, se proponía el emplazamiento de la estatua de la ilustre Marta, en un lugar inmediato a la torre de dicho templo, se llega a consenso por unanimidad que este será el lugar del emplazamiento de la misma, aun cuando fuera preciso para ello demorar la erección en tanto se demoliera la iglesia; sin perjuicio de designar otro sitio, si ese proyecto fracasase.
En tanto, ocurría esto en el propio año 1921, había llegado por partes a Santa Clara, vía ferrocarril, la ansiada estatua de la Benefactora: “El transporte en esta ciudad, desde los carros del Ferrocarril al Parque Vidal, de las piezas de granito, y al Cuartel de Bomberos de las de bronce fue contratado por el Sr. Faro González, por el precio de $90,00, y en esos lugares permanecieron hasta la demolición de la iglesia, proceso que no comenzó hasta el 22 de agosto de 1923 y concluyó en su totalidad en 1924. El periódico “La Publicidad” en sus números del 29 de octubre y 7 de noviembre de 1923 invita al pueblo a la colocación de la primera piedra del monumento a Marta Abreu para el día 13 de este último mes a las nueve de la mañana, conmemorando el aniversario 78 del natalicio de Marta, finalmente, ese día fue colocada la primera piedra, en mismo lugar que ocupara la torre de la iglesia, a la que asistieron las autoridades locales. En nombre de la Comisión Gestora habló de manera elocuente el doctor José A. Pascual, ante un exiguo grupo de parroquianos presentes, el propio diario “La Publicidad” en su edición del 13 de noviembre reseña bajo el título de “La Primera Piedra”: “En la mañana de hoy se efectuó la solemne ceremonia de colocar la primera piedra sobre la cual se levantará el monumento que ha de perpetuar la memoria de la Gran Benefactora, el ángel de la caridad villaclareña, Marta Abreu… alrededor del lugar estaban las autoridades, algunas otras personalidades y doloroso es decirlo acudió poco pueblo, no asistiendo los alumnos de las escuelas públicas por razones que desconocemos […] La ceremonia empezó tocándose el Himno Nacional que el público oyó con respeto, ese propio día, en una caja de plomo construida ad hoc, se encerraron para la posteridad algunos documentos, que a saber se desconocían cuales eran, pues el público asistente escucho impávido como los anfitriones decían “Ignoramos lo que contendrá la caja que se colocó en el hueco destinado a la Primera Piedra, pues no se nos han facilitado datos”.
Pero los pocos curiosos santaclareños que asistieron a la ceremonia y el resto de los coterráneos de la insigne benefactora tardarían bastante en conocer lo depositado en dicha caja, pues el monumento, que se encontraba en la ciudad desde el 23 de mayo de 1921, no fue colocado sobre su base hasta el 24 de febrero de 1924, cubriéndose con un velo hasta su inauguración, más de un año después, el 15 de julio de 1925 de conjunto con el parque ampliado, y es allí donde se distribuye un folleto donde por fin se informa sobre el contenido del cofre: Un ejemplar de cada uno de los periódicos de la localidad; una colección de monedas nacionales de plata; una colección de fotografías de la Iglesia, antes, durante, y después de su demolición; un ejemplar de la novela Los vidrios rotos, del coronel del Ejército Libertador, Francisco López Leiva, editada por esos días en la ciudad; un ejemplar de la invitación hecha para el acto; un soneto del poeta Augusto Vidaurreta, alusivo al mismo, y un ejemplar del acta, suscrito por las personalidades concurrentes. Es de señalar que la fecha escogida para la inauguración el 24 de febrero de 1924 fue pospuesta por acuerdo que se tomo el 5 de enero de 1924, porque todavía, hubo que enmendar algunos defectos de talla observados en el pedestal, los que hicieron necesario la presencia de un marmolista para corregirlos, tras 58 jornadas de intenso trabajo, incluido el relleno de tierra vegetal en rededor de la base del monumento, quedó concluido el monumento a Marta. Habían pasado largos 15 años para materializarlo, pero la obra de arte había quedado para posteridad.
Para el trabajo material de la obra se contrató a un experto albañil, Francisco Carrandi, haciéndose la cimentación en un día, la orientación de la estatua debía tener tuvo también amplias discusiones y el asunto fue sometido a consideración de la Asociación de Pintores y Escultores de La Habana, cuyo dictamen fue aprobado por el Ayuntamiento santaclareño, quedando estipulado que la estatua debía orientarse de frente a la glorieta, primero: porque una estatua debe mirar siempre hacia el mayor espacio libre, que en este caso es el parque; segundo, porque estando enfrente de un edificio grande, como es el Instituto de Segunda Enseñanza, este le debe servir de fondo; es decir, la estatua debe dar la espalda al edificio mayor y más cercano; tercero, porque, orientada como queda dicho, la estatua dará frente a la entrada natural del parque que es por el Norte, puesto que en esa dirección está la parte más importante de la ciudad. Así, al llegar al parque por el norte, pronto verá la estatua y la verá de frente.
En la tarde del 15 de julio de 1925, en un gran acto celebrado por el aniversario de la fundación de la ciudad, en el marco de los festejos por la inauguración del Parque Vidal, después de su remodelación, fue bendecido y develado el fastuoso monumento en bronce erigido en honor a Marta Abreu, sentada de manera augusta y señorial, habían pasado 15 largos años desde que el pueblo decidiera erigir el monumento a la benefactora, hasta su inauguración, cuentan que al momento de develar la estatua de la insigne villaclareña, un súbito viento arremetió llevándose las sabanas que cubrían la misma, dejando al descubierto las formas escultóricas, muchos asistentes consideraron que las fuerzas eólicas provenientes del Capiro, anunciaban así el disgusto celestial, por la profanación realizada, a la “Parroquial Mayor”.