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Un globo aerostático santaclareño, toma el cielo en la localidad de Santa Clara.

  • Ramón Ger Pérez.
  • 3 abr 2017
  • 6 Min. de lectura


Corría la primera mitad del siglo XIX la metrópoli o madre patria se encontraba en pleno periodo del romanticismo, al consolidarse una clase media producto del ascenso de una sociedad burguesa y liberal, que daba la posibilidad de escoger nuevos formatos de ocio, en esta vorágine las ascensiones de aerostatos se presentaron como espectáculos de la modernidad, los aeronautas personificaban uno de los arquetipos del romanticismo, representando toda una ideología poética figurada a partir de la simbología del globo y de aspiraciones de libertad, el aeronauta refleja el hombre agreste y a la vez romántico, lleno de misterios y riesgo, un hombre que a la vez de soñador es intrépido, desafiante en todo momento a la adversidad y los limites de vida, que buscan la evasión de la realidad aunque en el intento pierda la vida. Podemos decir sin lugar a dudas que en los años románticos se vive un clima de interés descomunal hacia cualquier proclama que pregonara una ascensión aerostática, los globos fueron desde sus inicios uno de los inventos humanos más significativos radicando su importancia en la imposibilidad para los hombres de poder elevarse sobre la superficie de la tierra y trasladarse por el aire, es en este período que se constituyen numerosas compañías de espectáculos que combinan la ascensión en globo con números gimnásticos, en ellos los gimnastas colgados de los globos consumaban complicados ejercicios, muchas veces estos terminaban en terribles accidentes, que ocasionaban más de una desgracia, los franceses fueron muy populares y frecuentes en estos actos pudiéramos decir aerocircenses.


Ahora bien en Cuba como parte integrante del reino español se asumió la moda tempranamente, trayendo gran expectación sobre el público habanero, se justificaba aquel interés por las noticias que se recibían a través de la Gaceta de Madrid y Correo de Ultramar sobre los progresos que se obtenían en Europa por los hermanos Montgolfier con globos elevados por medio de aire caliente, haciendo así realidad la ilusión de varias generaciones de vencer las leyes de la gravedad, estas historias y la de las ascensiones eran comentadas con frecuencia en los editoriales del Papel Periódico de la Habana como una noticia de inusual interés sobre los llamados “aparatos voladores”, numerosos nombres de estos intrépidos y primitivos astronautas llenaron los periódicos de la época de los que podemos hacer una larga lista tanto extranjeros como nacionales, primer aeronauta de Cuba fue el francés Eugenio Roberston, Adolfo Theodore un francés residente en la Isla fue el segundo, el primer lugareño que realizó un vuelo de estas características fue José Domingo Blineau, le siguen otros nombres más o menos famosos, pero la ascensión en globo más renombrada y famosa del país sin duda alguna, fue la protagonizada por Don Matías Pérez un portugués de nacimiento y aplatanado en Cuba, su última y más famosa ascensión fue tan espectacular y arriesgada que aún estamos esperando su descenso, dando origen a la popular frase asignada a todo lo perdido, “Voló como Matías Pérez”.


Pero estas representaciones no fueron solo exclusivas de la Habana, ciudades del interior de la isla también hicieron gala del romanticismo y la modernidad, de lo cual no escapa nuestra gloriosa villa de Santa Clara, según cuenta el historiador local Manuel Dionisio Gonzales en su “Memoria Histórica de la villa de Santa Clara y su jurisdicción”, en la que acaeció una ascensión de un globo aerostático allá por el lejano 1851, teniendo como particular que el globo en cuestión era pilongo pues fue confeccionado en la villa, analicemos el contexto y veamos los hechos.


Dice el historiador que semejante hazaña la llevo a cabo un personaje denominado Mr. Verdalles, ahora bien de quien se trata tan arriesgado e intrépido protagonista, el aeronauta en cuestión es el francés Víctor Verdalles, proveniente de los Estados Unidos, un hombre de pelo en pecho, bohemio y aventurero que forjó de su pasión una arriesgada profesión, llevando un estilo de vida itinerante, que fue para algunos romántico y fantástico, veamos como lo describe la prensa de la época.


En España el Periódico Semanal de Literatura y Artes. “La Tertulia” No. 95 del domingo 21 de abril de 1850, hace la siguiente reseña con el título de “Nuevo Aeronauta” sobre Mr. Verdalles:


Dentro de pocos días debe llegar a Cádiz un aeronauta de nuevo género, para quien el niño perdido Mr. Arban y todos los que han hecho ascensiones en globos son gentes de poco más o menos.


Mr. Verdalle, se llama este hombre extraordinario. No crea el público que va a la plaza de toros a ver a un aeronauta adocenado, que se mete en su barquilla, que da la vuelta alrededor de la plaza, que arroja flores y coplitas sobre los concurrentes y que luego quitándose el sombrero dice: “Beso de ustedes las manos: hasta la vista”, mientras que el público, con tanta bocaza abierta, lo mira subir diciéndole “Valla usted con dios, amigo: tenga usted cuidado con no precipitarse y convertirse en una tortilla” . Nada de eso: Mr Verdalle se separa de esa rutina, y hace lo que verá el curioso lector en el siguiente anuncio que tomados del “Diario de la Marina de la Habana”, correspondiente al día 17 de enero de 1850, y que dice así c por b:


“Ascensión Aerostática”. – Mr. Verdalle aeronauta francés recién llegado de los Estados Unidos, ofrece hacer su primera ascensión aerostática en la isla de Cuba el domingo próximo, a las cuatro y media de la tarde en un punto, en la plaza de toros de Regla, con el mismo globo en que ha hecho veinte y dos ascensiones en Francia y sesenta y dos en los Estados Unidos. Mr. Verdalle escusa hacer una relación exagerada de los títulos de sus numerosas ascensiones y especial manera le dan para llamar la atención pública, y únicamente se limita a divertir al ilustrado publico habanero, que su globo es mayor que cuantos se han elevado en la Habana; que no se sirve absolutamente de gas, sino de una descomposición atmosférica producida por medio de alcohol, paja encendida; que el globo está enteramente abierto por abajo y que en lugar de la barquilla, penderá de aquel un marco de madera, en cuya parte inferior se apoyará él con la cabeza en el borde inferior y los pies en el superior, subiendo de esta manera hasta cierta altura en donde hará algunos ejercicios gimnásticos y recobrara la posición natural. Procurará elevarse hasta ocultarse en las nubes.


De suerte que Mr. Verdalle es un aeronauta gimnástico, y que trabaja en dar vueltas por un arco con la misma seguridad y ligereza que pudiera hacerlo en tierra, y no en los aires.


Según se va adelantando en punto a ascensiones, dentro de poco habrá hombres que bailarán sobre una cuerda floja colocada entre dos globos. (Fin de la cita).


El tal globonauta no sé como llego a estos lares, lo cierto es que de su cacareado globo de cientos de ascensiones al decir de Manuel Dionisio, al parecer, pues no abunda mucho sobre este tema, en un primer intento de ascensión aquí en la villa de Santa Clara, el aeronauta no pudo elevar su globo, pues le ocurrió un desafortunado accidente al fallarle supongo su famosa mezcla de descomposición atmosférica, con la que inflaba su globo, al mesclar el alcohol y la paja encendida, elementos estos que por lo sabido no suelen llevarse muy bien, lo que convirtió al globo en cenizas, por lo que hubo de posponerse la tan anunciada elevación y número gimnástico del intrépido piloto, los habitantes, pasado el primer susto, realizaron una subscrición entre los vecinos, con el fin de costear la construcción de un nuevo globo, el cual fue elaborado en su totalidad aquí en la villa.


Con el nuevo artefacto volador, Mr. Verdalle se lanza a la conquista del espacio santaclareño, el martes 24 de junio de 1851 bien temprano en la mañana los feligreses se van amontonando en la Plaza Mayor lugar que servirá para el despegue del globo aerostático santaclareño, con su intrépido acróbata aéreo asido a él, cuya ascensión al firmamento quedo marcada a las diez de la mañana por el historiador local, los habitantes de la villa que se reúnen en la plaza central, miran extasiados al cielo donde se va elevando paulatinamente el globo aerostático y de donde cuelga peligrosamente el hombre, las caras alargadas reflejan admiración y asombro… Este espectáculo, visto aquí por primera vez, causó no poca admiración y sorpresa á aquellas personas que no tenían ni la menor idea de esos viajes aéreos, descendiendo posteriormente a más de media legua de la villa en la finca de Don Jesús María Ledon. Si así mismito como se los cuento sucedió, a decir de lo expresado en la Memoria Histórica de Santa Clara y su Jurisdicción. Con fines ilustrativos acompaño este escrito con un dibujo composición digital de mi autoría.

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