Francisco López Leiva: Un santaclareño olvidado por la historia.
- Ramón Ger Pérez.
- 17 sept 2016
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Francisco Leopoldo López Leiva un ilustre, militar, político, periodista e historiador santaclareño; Coronel del Ejército Libertador, “un hombre de balas y letras” como lo define el periodista independiente santaclareño Feliberto Pérez del Sol, y aunque consta de gran merito revolucionario y su labor intelectual es sobresaliente para su época, ninguna institución administrativa, educativa, social ni cultural de Santa Clara, su pueblo natal ostenta su nombre ni se perpetúa su memoria, a pesar que entre las grandes cosas que le debemos los habitantes de esta villa este su lucha porque se construyera el acueducto de Santa Clara siendo uno los cronistas más exigentes en reclamar la solución para el mismo, cuestión que ya hemos abordado en otro artículo de este blog (Monumento La Fuente de los Molinos), o que haya sido el precursor y responsable de introducir en nuestra localidad, lo que hoy constituye uno de los símbolos mas distintivos de la ciudad de Marta la famosa fuente de “El niño de la bota” también abordado en otro artículo en este blog.
Nació este ilustre prócer en Santa Clara, el 17 de septiembre de 1857, hijo de padre esperanceño y madre santaclareña. Fue bautizado en la Iglesia Parroquial mayor de esta ciudad, por lo que es pilongo de pura cepa, y en esta propia ciudad recibió sus primeras instrucciones académicas. Por su parte, las lecciones de segunda enseñanza las tomó en Cárdenas, Matanzas, lugar a donde había ido a residir junto a su padre, ejerció el periodismo en Colón, Cárdenas y en la capital de aquella provincia.
A muy temprana edad se incorporó la Guerra Chiquita conflicto ocurrido del 24 de agosto de 1879 al 3 de diciembre de 1880. Por su participación en la misma fue deportado a España hasta el término de la contienda, por haber denunciado un crimen perpetrado a campesinos en el poblado de Amarillas, provincia de Matanzas, gracias a la influencia de familiares y allegados el castigo no fue mayor. De regreso a Cuba, comenzó una activa labor como periodista, primero en las filas del autonomismo de izquierda y posteriormente como separatista. En 1881 al fallecer su padre, regresa a Santa Clara, su labor periodística fue fértil y compleja. Alternó la dirección de diferentes periódicos y revistas con la labor de reportero, logrando, como escritor, una obra múltiple y diversa.
En 1885 ejerció de secretario de la Junta de Primera Enseñanza en Santa Clara su pueblo natal, y de esa fecha a 1895 dirigió las publicaciones locales “La Perseverancia”, “La Esquila”, “La Protuberancia” y “El Mosaico”. De igual modo colaboró con periódicos separatistas de la vecina urbe de Cienfuegos, como periodista abordó siempre la realidad del país, cosa que a veces hizo de modo violento y feroz y otras, lleno de humor y cinismo. Incursionó además en la poesía y el teatro, y en 1891 publicó “Zig-Zags”, tomo de versos y prosa de su autoría, su creación artística fundamental, un año más tarde, en 1892, estrena su obra cómico-lírica “Eureka” que es llevada a escena en Cienfuegos y Santa Clara con gran aceptación.
Aunque estaba sujeto al mundo de las letras, seguía atento a los intentos libertadores que por toda Cuba se gestaban. Para 1893 se integra como miembro del Club Revolucionario Nº 8 fundado por José Martí. Cuando el comisionado Gerardo Castellanos visitó Santa Clara en agosto de 1892, coordinó con Manuel García Garófalo Morales, Francisco Martínez Pupo, el cubano-canario José Braulio Alemán Urquía y con López Leiva la fundación del Partido Revolucionario Cubano, en un local, al fondo de la dulcería La Matilde, propiedad de Rafael Lubián, situado donde hoy se encuentra la Iglesia Catedral Santa Clara de Asís.
En noviembre de 1892, Castellanos vuelve a Cuba , visita de nuevo Santa Clara, y entrega claves de parte de José Martí para López Leiva; En otras dos ocasiones recibe claves del Apóstol de manos del comisionado santaclareño J.D. Hernández. Su pensamiento político evoluciona del autonomismo, independentismo y liberalismo hasta el anti-imperialismo, opiniones patentizadas a través de su obra periodística y literaria, por su actividad fue amenazado y amonestado en varias ocasiones por el Comandante General del Gobierno Español en Las Villas.
El 15 de julio de 1895 se levantó en armas bajo las órdenes de Gerardo Machado y Morales. Fungió como Jefe Civil de Infantería en la Brigada Villaclareña. Con posterioridad se unió a las fuerzas de brigadier canario Manuel Suárez Delgado, pasando más tarde a las fuerzas del brigadier Juan Bruno Zayas, se incorporó a la Invasión el 15 de diciembre de 1895 en el combate de Mal Tiempo, como Jefe de Estado Mayor de Juan Bruno Zayas. Durante la Guerra participó en varios combates: Las Nueces, La Solapa, Los Róbalos, Cariblanca, Casa de Tejas, y Quemado Grande. Atacó el fuerte La Agronómica y los poblados de Provincial y La Esperanza.
Durante la invasión a Occidente, tomó parte en diversos combates participa en la rendición del fuerte de Murga. Combatió en La Colmena, Jacán, Desquite, Coliseo, Calimete, Colonia, Ingenio Unión, El Estante, Güira de Melena, central Lucía de Lacoste, Cabañas, Las Taironas, Río Seco, Tirado, Guacamayo, central Santa Lucía, Paso Real, Candelaria, Río Hondo, Haborí, San Antonio de las Vegas, Jaruco, Moralitos, Catalina de Güines, central Nueva Paz, Perla de Guamacaro, Ibarra, Bainoa, Santa Cruz del Norte, Nazareno, Río Bayamo, Río de Auras, Bagáez, y Lequeitio.
Concluida la Invasión a Occidente, la Brigada Villaclara regresó a la región central. Allí López Leiva participó en otros combates: San Juan de los Yeras, Esperanza, Caguaguas, Rancho Veloz, Motembo, Las Piedras, Las González, Contreras y Corriente, Ingenio Carolina y Arroyo Blanco en Jatibonico, junto al italiano Orestes Ferrara y el General José Miguel Gómez.
En el combate de Guacamayo, en Matanzas, su valentía le ganó ser condecorado por orden del General Antonio Maceo con los grados de Teniente Coronel. El 11 de diciembre de 1896 fue ascendido a Coronel por disposición del Generalísimo Máximo Gómez. Esta graduación fue aprobada con posterioridad a su licenciamiento del Ejército el 24 de agosto de 1898.
Participó activamente como Secretario de Actas en todas las sesiones de trabajo de la Asamblea de Jimaguayú en 1895; allí expresó su desacuerdo con la destitución de Máximo Gómez como General en Jefe. Al concluir la guerra fue electo Representante a la Asamblea del Ejército Libertador, que se reunió en Santa Cruz del Sur en 1898, y más tarde se trasladó a la barriada del Cerro en La Habana en 1899, mostrando su solidaridad en defensa de Máximo Gómez, oponiéndose a la destitución del General en Jefe Máximo Gómez, siendo apoyado por los Generales José de Jesús Monteagudo, Emilio Núñez y el el Coronel Carlos Manuel de Céspedes (hijo), redacto un “Manifiesto al País”, firmado por los cuatro, donde expuso las razones de sus votos: “Entendíamos y entendemos que, en la hora presente, dentro de la realidad actual, era inconveniente y perjudicial para los intereses del Ejército y del País la medida de extremo rigor adoptada por la Asamblea”
Durante la intervención norteamericana fue nombrado Jefe de Hacienda de la Provincia de Santa Clara. En la República ejerció diferentes cargos como el de Contador General (1902- 1905). Se opuso a la reelección del primer presidente cubano, Tomás Estrada Palma, y se alzó en La Esperanza, junto al general de las guerras de independencia e íntimo amigo suyo, Gerardo Machado. Tras la renuncia de Estrada Palma y la segunda intervención norteamericana, Charles Magoon lo envió a Washington como funcionario público a realizar labores en el censo de población de Washington, en 1908, permaneciendo cerca de medio año.
En 1909 fue nombrado subsecretario de Hacienda de la República por el presidente José Miguel Gómez y posteriormente Secretario de Gobernación. Desde ese cargo prohibió la práctica del boxeo en Cuba para evitar desórdenes públicos en las peleas entre púgiles blancos y negros, debido a la represión que se había llevado a cabo contra estos últimos durante el alzamiento de los Independientes de Color. En 1911 compiló las Memorias del Gobierno de José Miguel Gómez entre enero y diciembre del referido año, en enero del propio año recibió el nombramiento de Interventor Oficial del Banco Territorial de Cuba, cargo al que dimitió en 1913, Luego se dedicó al periodismo, la literatura y la investigación histórica, participó además en la Protesta de veteranos y patriotas en dos ocasiones, fue presidente del Palacio de los Veteranos de Villa Clara durante varios años.
Su labor periodística fue fecunda y compleja, cultivó casi todos los géneros en su labor como escritor: fue poeta, autor dramático y novelista. En 1922 publica una biografía sobre Juan Bruno Zayas, mostrando la experiencia adquirida en la Invasión hasta Mantua, Pinar del Río, como Jefe del Estado Mayor de la brigada Villaclara bajo las órdenes del coronel Juan Bruno Zayas, en 1923, da a conocer su novela Los Vidrios Rotos, de gran valor histórico local, regional y nacional, en la década del 20 dirigió el diario La Publicidad, uno de los más reflexivos de la época, colaborando además en las revistas Renacimiento, Villa Clara y otras, En 1924 publicó su novela "Don Crispín y la Comadre" (hoy desaparecida).
Tradujo en 1925 la novela francesa "EL Toro", de Binet Balmer y en 1927 el cuento chino titulado "Mu-sian", en 1930 presenta, a la Academia de Historia de Cuba, el ensayo titulado "El Bandolerismo en Cuba", verdadero tratado sociológico y antropológico, analizando el origen, causa y desarrollo de esa plaga social; su defensa favoreció que se le otorgara la condecoración de Académico de Número de dicha Academia. En 1931 publicó el libro de cuentos titulado, Aventuras extraordinarias del capitán del Ejército Libertador Cubano Juan González Segura" (también desaparecido de nuestras bibliotecas). Su obra creativa se distinguió por los pseudónimos Gil Pérez, Zacarías y en ocasiones Somatripita.
A mediados de 1940 el Ayuntamiento de Santa Clara lo condecoró como Hijo Distinguido de la Ciudad. Galardón que honró la estirpe de un hombre que mostró una ejemplar conducta durante la Guerra del 95, una notable intuición y prestigio como periodista y un no menos denuedo por perfeccionar la república que ayudó a construir.
En 1925 se demuele ladrillo a ladrillo la vieja Iglesia Mayor (1725), para el proyecto de ampliación de la Plaza Mayor, el Coronel Francisco López Leiva diseño una fuente para la plaza, y buscando en un catálogo de sugerencias de una famosa casa de venta de objetos de artes, de nombre J. L. Mott Company, de New York, encontró entre sus páginas la grácil figura del “Niño de la bota” el infante de calamina, con gorra, uniforme militar, calzado por una sola bota pues la otra la sostiene en la mano, prendado de ella la seleccionó para que se instalara en la fuente diseñada por él como ornamento decorativo, la compro y la hizo transportar a Cuba, desde el propio año 1925 a la fecha la figura ha permanecido allí con algunas transformaciones, pero al igual que al coronel a cautivado a miles y miles de santaclareños, al punto que hoy constituye uno de los símbolos autóctonos de la villa de Santa Clara. Y del cual estamos orgullosos los nacidos en esta tierra.
Francisco López Leiva también fue un santaclareño preocupado por el acueducto local, doscientos cinco años habían transcurrido a partir del año fundacional de la villa de Santa Clara y aun sus habitantes carecían de un acueducto que garantizara el líquido vital para la subsistencia humana a pesar de las ansias, aspiraciones y reclamos de sus habitantes por la tenencia de tan preciada construcción, fue uno de los cronistas más exigentes en reclamar la solución del conflicto, en crónica publicada en El Mosaico, el 24 de junio de 1894, en ella cuestiona la actitud asumida por el Ayuntamiento local y la carencia de dinero para acometer la obra, nuevamente arremete en la crónica correspondiente al 5 de agosto de 1894 divulgada en El Mosaico, vuelve a reiterar: "…Sin embargo, acerca de la fuente de los Pocitos que tiene como afluente el caño de la Tenería, ni sobre la situación del hospital de Caridad, enclavado en el centro de un barrio pobladísimo, se le ha ocurrido á la Junta decir nada…
El Ayuntamiento Municipal, tan ágil, mísero y depauperado como siempre respondió, como tradicionalmente hacía desde el siglo anterior su correspondiente y archiconocida respuesta, "No hay fondos"; Resultaba risible, y también ridículo, que una institución administrativa respondiera en esos términos al Coronel Francisco López Leiva, periodista de la ciudad y acabado de regresar de la contienda emancipadora de 1895-98, cuando en realidad conocían perfectamente, que sus propósitos solo respondían a resolver y garantizar un viejo anhelo de sus coterráneos y suyo en particular, cuatro años más tarde la "Ilustre Corporación", como así se autonombraban los funcionarios del Ayuntamiento local, el 10 de diciembre de 1903, la Cámara promulgó una ley donde se aprobó el presupuesto para la construcción del acueducto santaclareño, pero del dicho al hecho, transcurre un trecho. El periódico local “La Publicidad” con fecha 13 de enero de 1908, es decir, nueve años después de la "célebre" respuesta a López Leiva, evocando lo dispuesto por la Cámara, divulgó: "Pero no se concreta nada en realidad, deseándose el Acueducto desde 1689¸Esto se fue dilatando hasta que el 2 de septiembre de 1914, quince años posteriores a lo acordado con respecto a la preocupación del periodista, cuando se deciden al fin construir el acueducto, obra que se dilató entre 1914 y 1918, la que concluye en los primeros días de noviembre de 1919, fecha en que el preciado líquido fue puesto al servicio del público.
Francisco López Leiva falleció en su hogar el 4 de diciembre de 1940. Su sepelio constituyó un duro golpe para los santaclareños y villaclareños en general; el pueblo que lo vio nacer se agolpó por las calles y parques en sentida manifestación de duelo popular ante la pérdida irreparable de un hijo que supo ser enérgico, valiente y digno, un día como hoy que conmemoramos su nacimiento, en la ciudad de Santa Clara y menos aun en el país, se hacen actos militares que le honren como el hombre de armas que fue, tampoco la intelectualidad lo señala como el hombre de letras que fue, los historiadores apenas lo citan, por ello no ocupa el sitial de honor que merece entre la legión de patriotas cubanos, y los políticos nunca lo recuerdan como lo que fue: Coronel del Ejército Libertador.
Ninguna calle de Santa Clara lleva su nombre, no conozco que exista tarja que le recuerde, dice el poeta "El tiempo es olvido y es memoria"; y otro poeta apostillo, "La memoria no es para quedarnos en el pasado; la memoria es para iluminar el presente. Los pueblos que no tienen memoria son pueblos que fracasan, que terminan dominados"(...), es por ello que hoy tratamos de reconstruir aquí la historia del patriota y poeta sin historia, lo recordamos como fue, hombre de balas y letras, preocupado de su pueblo y promotor de que se erigiera la Fuente del Niño de la Bota, obra devenida en símbolo de nuestra ciudad, convirtiéndolo en memoria viva para que los futuros hombres santaclareños y por qué no cubanos todos, no carezcan de historia.