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El puente y las fiestas de la Cruz de Mayo.

  • Ramón Ger Pérez
  • 4 may 2019
  • 7 Min. de lectura


Ya hemos contado “La leyenda de la cruz del puente” ahora nos referiremos a una vieja tradición festiva ya desaparecida, originada a partir de la existencia de la cruz a las márgenes del “rio del Monte” (Cubanicay), cuando los primeros pobladores y fundadores de nuestra villa arribaron aquí, procedentes de su natal “San Juan de los Remedios del Cayo” y notaron la presencia de la primogénita cruz de madera que ha devenido fuente inagotable del imaginario histórico-popular de la ciudad de Santa Clara. Estas fiestas tuvieron su origen desde los primeros tiempos de la fundación de la villa, Manuel Dionisio González, el primer historiador santaclareño las recoge en su obra “Memoria histórica de la villa de Santa Clara y su jurisdicción”, hace más de un siglo que tales fiestas no se celebran, pero la presencia de la Cruz en el Puente cobro tanta importancia en los valores del patrimonio cultural tangible e intangible pilongos que cada vez que la cruz ha sufrido un percance, ha sido subsanada o sustituida por otra y hoy se mantiene erguida sobre su pedestal.


Según la tradición una cruz de madera clavada en la tierra, fue encontrada por los remedianos emigrantes en las inmediaciones del paso del río en el camino al Cayo, cuando llegaron a estos parajes con la finalidad de fundar su nuevo asentamiento, que hoy es Santa Clara, que a las clara indicaba que allí yacían restos humanos, no se ha podido explicar en aquel entonces ni posteriormente, el porqué de la existencia de tal símbolo religioso del cristianismo en un lugar despoblado, tejiéndose alrededor de la misma un misterio, los que arribaban la asociaron a la leyenda de los infortunados amores de María y el joven montero Jacinto, y decidieron perpetuar la imagen del amor desde esa fecha, 1689, y cada año renovaban la cruz, que finalmente pasó a presidir el paso sobre el río, que tomo desde aquella época el nombre de “Paso de la Cruz”, esto no está del todo confirmado, puesto que nuestro primer historiador Manuel Dionisio González, no hace referencia a una cruz en su “Memoria histórica de la villa de Santa Clara y su jurisdicción” (1858), y solo hace referencia a la calle de La Cruz, tal vez en recordación al párroco José González de la Cruz, por tales motivos los santaclareños atribuyen diferentes historias a aquella “Cruz del Puente”.


Manuel García-Garófalo Mesa en su obra “Leyendas y Tradiciones Villaclareñas” (1925), explica una de ellas diciendo que la Cruz del Puente surge a partir del asesinato del capitán Luis Pérez y su ayudante, quien a saber pudiera ser el propietario de los sitios La Magdalena y Mata, hombre de pelo en pecho al decir de sus contemporáneos, que tuvo una actuación desacertada y sombría al masacrar y obligar a las familias remedianas, a trasladarse hacia el nuevo asentamiento en el Pueblo Nuevo de Antonio Díaz, y que murió en Santa Clara el 18 de enero de 1702. Otros estudiosos del tema, apuntan a la idea de que en la época era práctica común y corriente el colocar al frente de las casas en las posesiones rústicas, una cruz alta de madera, como distintivo de las creencias religiosas, la cual debían tener por obligación en sus fincas los propietarios de ellas, según lo que prescribían las disposiciones de aquellos tiempos, hecho que también se refleja en la Memoria Histórica, nuestro cronista Manuel Dionisio González, esta teoría pudiera sustentar a mi entender, que la colocación del símbolo religioso en este sitio a la llegada de los nativos de Remedios, fuera en alegoría para señalar el punto de arribo al nuevo lugar de asentamiento, costumbre arraigada en España.


Bien por una u otra razón las fiestas de “La Cruz de Mayo” tuvieron su origen desde los primeros tiempos de la fundación de la villa, Manuel Dionisio González, en su obra nos las describe, las veladas se realizaban durante nueve noches consecutivas en el interior de una casa donde se colocaba una cruz en un altar, las que se nombraron “Altares de la Cruz” los que se adornaban con hojas de palma y flores, cada año se efectuaban en distintas casas en un principio fueron objeto de un culto fervoroso, pero con el pasar de los años llegaron a servir por lo regular, más bien para la especulación entre los vecinos, cada una de las noches se elegían mayordomos ó padrinos entre los concurrentes de uno y otro sexo, cada un mayordomo procuraba sobrepujar al que le había precedido la noche anterior, y según las casas donde tenían efecto estas diversiones, y personas que en ellas tomaban parte, así era el aspecto, mas ó menos interesante, que presentaban, los hombres efectuaban todos los gastos de la diversión, que consistían en adornos del altar, música, baile, cena ó refrescos, se organizaban juegos y otros entretenimientos, todo lo cual hacían mover la población, atrayendo numerosa concurrencia á cada casa donde había un altar, despojadas así con el pasar del tiempo de su forma y de su objeto esencial, lo que obligo a adoptar enérgicas y eficaces providencias, para combatir semejantes costumbres, que terminaron con la desaparición de los bailes y las grandes reuniones de las casas donde existía un altar de Cruz, en 1761 un sacerdote solicitó la prohibición, bajo pena de multa de diez ducados y excomulgación debido a los excesos paganos en estas diversiones y sólo las autorizaba en casas de personas de probada religiosidad.


Por esta época, se planteó la construcción de un puente mucho más sólido, y también fue el momento para darle importancia a la cruz de madera, origen de una leyenda que ya estaba escrita en los anales de nuestra villa, según se cuenta, un catalán, Don Martín Camps y Oliver, residente en la villa, ante la impotencia del ayuntamiento para reponer la cruz de madera cuando se deterioraba, encarga a Barcelona una hecha de mármol, con pedestal y verja, a un costo de 21 onzas de oro, donándola para su colocación en el sitio, el 26 de abril de 1861 en reunión ordinaria del gobierno de Santa Clara, se dio lectura a un oficio de la comisión de obras públicas con fecha del día anterior (25 de abril) al que adjuntaba el posible presupuesto ($165,25) para el monumento a la cruz del puente que situaría en el lugar donde se encuentra actualmente, en la propia acta se acuerda celebrar la ceremonia de bendición el día 3 de mayo a las 5:00 de la tarde con la participación de autoridades militares, civiles y eclesiásticas de la villa. Un año más tarde fue inaugurado el puente que las autoridades coloniales bautizaron como “Isabel II” en honor a la reina de España, pero el pueblo continuó llamándole “Puente de la Cruz”, la cruz fue colocada a la derecha antes de cruzar el puente, en dirección al Cayo, un año después se comenzaron a celebrar en la calle Santa Elena, (hoy Independencia), las fiestas de la cruz, los días 3 de mayo de cada año, las que retomaron el tiempo de duración de las nueve noches (desde el 3 hasta el 11 de mayo), las cuales fueron conocidas como “Verbena de la Cruz de Mayo” o “Verbena de la calle Santa Elena”, estas parrandas se fueron haciendo cada vez más populares, los vecinos adornaban la calle con palmas y otras plantas ornamentales, ponían luminarias y colgaduras, así sucedía cada noche con una cuadra diferente hasta completar nueve, que en aquel tiempo llegaban aproximadamente, hasta el río Bélico, hacia el oeste de la ciudad, estos festejos, como todos los de carácter religioso, se iniciaban con una misa, en este caso, se hacía al pie del monumento y seguidamente las actividades recreativas en la calle Santa Elena, las que se amenizaban con música, bailes, fuegos artificiales y otros espectáculos y diversiones populares, en estos días festivos los vecinos se sentaban, en familia, en las aceras de las casas y los más jóvenes paseaban por la calle, esta tradición se mantuvo funcionando todos los años hasta el estallido de la guerra del 95, según refiere José Berenguer y Sed en su libros Tradiciones Villaclareñas.


En cuanto a la cruz, permaneció allí sobre su pedestal hasta el año 1921, en que resulto dañada por algún indolente que la derribó de su pedestal y un año más tarde fue repuesta, costeada por el doctor Pedro Camps y Camps, hijo de Martín Camps, el que hubiera hecho traer de Barcelona la primera cruz instalada, esto difiere de un artículo del periódico local “Federación” aparecido en el año 1925 donde afirma “Tenorio y Pichardo, representante de frascos vacíos de la cervecería Tropical, supervisó la rehabilitación; también sufragó los gastos y quedó exhibida el miércoles 15 de julio de 1925, aniversario 236 de la Fundación de la Ciudad”, sea una u otra la realidad, la nueva cruz se mantuvo en su pedestal hasta que en 1996, el paso del huracán Lily por nuestro territorio la derribo, ocasionándole daños irreparables en su estructura de piedra blanca, en 1997 fue restaurada por motivos del remozamiento en la ciudad, en aquellos lugares relacionados con la “Batalla de Santa Clara”, originado por la llegada a la ciudad de los restos del Che, su cercanía al monumento del tren blindado hizo la diferencia, ocasión en la que fue sustituida por otra de granito, mientras la marmórea cruz fracturada, fue guardada en la “Casa de la Ciudad”, la cruz que hoy se exhibe en el monumento constituye la tercera réplica de la misma.


Tanto la “La leyenda de la cruz del puente” como las tradicionales fiestas de “La Cruz de Mayo” denominadas según la época “Altares de la Cruz” o posteriormente la “Verbena de la Cruz de Mayo”, infieren la riqueza histórica del “monumento a la cruz del puente” y el “Puente de la Cruz” de nuestra ciudad, valores estos que merecen ser divulgados entre nuestros coterráneos, para mejor conocimiento de la historia local y porque no… darnos al rescate de viejas tradiciones olvidadas en la bruma de los tiempos, de las que seguramente nuestros pilongos actuales volverían a disfrutar.


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