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“El Niño de la Bota Infortunada”.

Esta es una historia que se remonta a los inicios del siglo XX, concerniente a la efigie de “El Niño de la Bota Infortunada" o simplemente “El niño de la bota” como se conoce popularmente, que en 1925 fuera colocada en la fuente existente en el parque Leoncio Vidal, la misma comienza en 1904 cuando el escritor y licenciado villaclareño José Berenguer Sed, quien concibió, redactó y presenta al ayuntamiento local el proyecto de construcción de la plaza, pero no se realizó en ese entonces, y que después de varios proyectos, fuera aprobado el 18 de abril de 1921, tras largo litigio con el clero, puesto que ampliar la Plaza, condenaba la existencia de la vieja Iglesia Mayor, la cual fue demolida hasta el último ladrillo.


La obra según cuentan apareció en un catálogo de sugerencias de una famosa casa de venta de objetos de artes, de nombre J. L. Mott Company, de New York. Entre sus páginas, la encontró y seleccionó Francisco López Leiva para que se instalara en la fuente diseñada por él, y la hizo transportar a Cuba, para la inauguración del parque Vidal (antes se llamó Plaza del Recreo, Paseo Monteagudo, etc.), en ocasión del cumpleaños 238 de de la villa, el 15 de julio de 1925. Aseguran que es la imagen de uno de niños tamborileros que acompañaban a las tropas del ejército norteño durante la Guerra de Secesión de los Estados Unidos y que al terminar la batalla, utilizaban sus botas para llevar agua a heridos y enfermos, la mayor parte de las veces, en sus botas desgastadas.


La escultura comenzó a surtir agua el 15 de julio de 1925, y alrededor de la misma han jugado varias generaciones de niñas y niños santaclareños, ha motivado un sin número de historias, relatos, cuentos y poemas que forman parte ya de la cultura popular de la ciudad, con el paso de los años ha devenido en una representación de los santaclareños, alguien se preguntará; ¿Cómo es posible que una escultura perteneciente a una civilización tan opuesta y distante a la cubana haya llegado a convertirse, en símbolo de la ciudad de Santa Clara?, ¿Por qué a su alrededor se han tejido tantas leyendas?, desde que lo dejaron allí entre la multitud en 1925.


Durante este lapso de tiempo transcurrido han pasado por nuestro parque varias variantes de esta grácil estatuilla original, lo que ha contribuido a no dudar al misterio que envuelve a la figura del aguatero, la primera es a la que ya le hemos hecho mención procedente de la casa de venta de objetos de artes, la J. L. Mott Company, de New York estando allí desde 1925, pero en 1926 el 1ro de febrero se publica el primer número de la revista Villaclara y escoge como diseño de cubierta una foto del Niño de la Bota, pero en ella la bota tiene otra posición con respecto a la original, ahora está hacia adentro nos preguntamos, ¿Qué le habrá sucedido a la original?, en este número de la referida publicación aparece un artículo titulado “El Chico de la Bota” por Crescencio Rodríguez Rivero, un mes más tarde, en el número correspondiente al 15 de marzo de 1926 otra vez la revista Villaclara hace alusión a él, que dice textualmente “La portada del primer número representa un asunto de nuestro elegante Parque Vidal: la fuente con su símbolo de la “Bota Infortunada” y el Palacio Provincial de fondo” según lo cual la bota y su infortunio pasan a darle nombre a la estatuilla, nos preguntamos nuevamente, ¿Cuál infortunio? ¿El de estar averiada o el del percance ocurrido entre finales 1925 y principios de 1926 que como muestran las imágenes le hizo cambiar su orientación?; Yo personalmente creo que desde que se instala ya es el niño de la bota infortunada pues en el catalogo original de J. L. Mott Iron Works de New York, 1925 aparece ya con este nombre “Fountain: Unfortunate Boot - Fuente: De la Bota Desafortunada”, lo cierto es que tenemos aquí a muy temprana edad una segunda versión del niño de la Bota ahora convertido en “El Niño de la Bota Infortunada”, no sabemos a ciencia cierta cuál es la verdad sobre este cambio de orientación de la bota, pero las fotos de la época dan fe a este suceso.


Allí estaría “El Niño de la Bota Infortunada” hasta finales de la década del 30, cuando se decide con vistas a mejor modificación, que fuera suprimida “La Bota Infortunada” por el busto del Apóstol que debía colocarse en el Parque de los Mártires. El Niño se guardó en la casa del Ayuntamiento, encerrándolo ilimitadamente allí con su bota deteriorada en un rincón del Municipio hasta que en 1951 el gobierno municipales toman el acuerdo de reponer al Niño en el parque, retirando el busto de José Martí para ser instalado en el parque infantil de la Sociedad Leones Rotarios, vuelve así a ser colocado en la fuente el niño de la bota, pues a los santaclareños no les había gustado el busto colocado en su lugar, el periódico “El Pueblo” se hace eco del suceso, y en su edición del 19 de febrero de ese año con un titular en primera a todo lo ancho de la misma “Restituye el Ayuntamiento al Parque Vidal, El Niño de la Bota Infortunada” y en un artículo en la sección “Ahora” Tomás Pedrosa Raimundo comenta lo acertado de la decisión: …que hace regresar a ese sitio prominente de nuestra ciudad la figura escultórica del “Niño de la Bota Infortunada” la fuente preciosa, risueña, de arte convencional que acostumbró a los villaclareños a contemplarla con sus aguas cantarinas llenas de poesía pueblerina… este es el tercer niño de la bota pues ahora la graciosa estatuilla vuelve a tener la orientación de la original mirando hacia adelante, de esta forma permanecería hasta 1959.


Al triunfo de la Revolución se decide rediseñar el parque, el niño de la bota se traslada unos metros más al oeste, frente al teatro La Caridad, y se colocó en un botecito de granito gris y verde que para ese efecto se construyó. Este cuarto niño es bastante parecido al anterior y al de 1925, aunque puede ser que la bota haya sufrido pequeños cambios, cosa que no creo me refiero como el cuarto niño por el cambio de fuente y de posición en el parque, pero la alegría de tenerla allí no duraría mucho con el trascurso de los años la estatua sufrió varios actos vandálicos, la bota fue arrancada y robada, sus pies también fueron mutilados, así, al no poder sostenerse y quedar yacente, sin funciones como magnífico ornamento público, se decide retirarla del sitio por el aspecto tan deteriorado de la misma en 1969, Sus restos fueron donados al Museo Provincial, el 7 de octubre de 1970, por el ciudadano Jesús Velazco Fernández.” Desde entonces se exhiben en el museo de Historia de Villa Clara.


Pasan 20 años y en 1989 con motivo del 300 Aniversario de la Fundación de la Ciudad, en medio de un aflorar de las tradiciones y por las labores de restauración y embellecimiento de la ciudad, es colocada nuevamente en el parque, ahora en su quinta presentación es una réplica de bronce que se le encargó al escultor José Delarra, parecida a la forma de la primera fuente, en esta ocasión la punta de la bota no está ni hacia delante ni hacia atrás sino paralela al niño un poco inclinada hacia delante, allí permanece hasta los días de hoy como símbolo de amor y de respeto que sienten los habitantes de la capital villaclareña por sus tradiciones e historia.


Como ven ha sido un verdadero infortunio, ser los afortunados poseedores de un niño de la Bota Infortunada, y digo un niño porque aunque la ciudad de Santa Clara lo ha aceptado como suyo, el niño de la bota no es el único que existe en el mundo, se sabe de la existencia de otras estatuillas similares repartidas alrededor del orbe, como consecuencia de su fabricación en serie, dicen que se encuentran en: Sandusky, Ohio; Winnipeg, Canadá; Houlton, Maine; Helena, Montana; Cleethorpes, Inglaterra (en el memorial de la Princesa Diana); Santa Clara, Cuba; Estocolmo, Suecia; Stevens Points, Wisconsin; y aquí donde resido actualmente, en Caracas, Venezuela en la Sede de la Empresa Estatal de Telecomunicaciones de Venezuela (CANTV) y posiblemente en otras 20 localidades del mundo, sin mencionar los coleccionistas privados que puedan tener la estatuilla.


Y aunque en realidad, esta escultura no tiene mayor significado para nosotros que la de haber estado instalada en nuestro parque durante tantos años, lo cierto es que los residentes de Santa Clara como cualquier otro cubano tiene al Niño de la Bota como uno de los símbolos de esta ciudad junto al teatro La Caridad. Aunque fue traída desde otro país la pequeña escultura posibilita identificar a Santa Clara, punto casi ineludible tanto para los que se trasladan hacia el oriente del país como para los que vienen de él.


GALERIA: Fotos de “El Niño de la Bota Infortunada”.


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