top of page

Puente “General Monteagudo” ó “Puente del americano”, y una Leyenda de Amor Santaclareña.

  • Ramón Ger Pérez.
  • 26 jun 2016
  • 5 Min. de lectura

Hay en la calle Estrada Palma un pequeño puente de apenas 40 metros de largo, que baja desde el Paseo de la Paz hacia el Reparto América Latina, cruzando por encima del rio Bélico, en este sentido a nuestra izquierda lugar de donde la corriente del rio proveniente de su fuente, veremos las casa pobres del sector suburbano llamado Barrio Chamberí, y a la derecha el hilo de agua se adentra lentamente en un área que alguna vez fue boscosa, pasando por las inmediaciones del hoy “Palacio de Pioneros” que lleva el nombre de José Luis Miranda, el niño mártir de la batalla de Santa Clara, antiguo “Campo Deportivo Luis Miranda”, para adentrarse lentamente en la ciudad.


En sus inicios fue un paso de madera sin barandas, pasable en época de seca y poco seguro en la estación de lluvias si el río traía arrastres con las crecidas, se cuenta que lo construyeron los estadounidenses durante la primera Intervención en Cuba, motivo por el cual los naturales de la zona comenzaron a llamarlo el “Puente del Americano” o “Puente de los americanos”, todavía hoy día si seguimos bajando desde el Paseo de la Paz hacia los repartos el Chamberí o hacia América Latina, encontraremos al cruzar el puente a la izquierda y más bajo del nivel de la calle, un bar que se llamaba “Bar del Americano”, por su proximidad al mismo, actualmente este tugurio de barrio expende etílico liquido, a los transeúntes y a los parroquianos del lugar.


En 1915, se construyo sobre el viejo puente de madera un nuevo puente, al que nombraron “Puente General Monteagudo”, para honorar al patriota hijo de Santa Clara fallecido un año antes. Asegurando así un paso más seguro sobre la serpenteante corriente y que uniera ambas orillas del rio Bélico, en el paso de la llamada calle Princesa, para aquel entonces una calle tosca y empedrada que posteriormente fue rebautizada como la conocemos hoy día calle “Tomás Estrada Palma”, de esta construcción no nos queda más que el nombre, pues treinta y nueva años después el mismo fue reconstruido en su totalidad.


En el año 1954, con la nueva remodelación mejora sus dimensiones, la reconstrucción impuso acero y hormigón en su estructura, dos bastiones de escasa luz entre ambos, y una baranda contemporánea a lo largo de sus casi 40 metros, sostenida por columnas las que son atravesadas en su parte media por un tensor compuesto por un tubo circular de hierro. A este nuevo puente se le integran columnas de fuste estriado y capitel, empleadas para sostener farolas de alumbrado público, consistentes en seis columnas, tres de cada lado del puente, de las cuales hoy sobreviven solo unas cuantas y unos toscos muñones donde estuvo el resto de ellas.


El sitio se ha convertido en un vertedero insaluble, por la basura que echan los vecinos del lugar, también hay una gran acumulación de escombros de construcción que personas inescrupulosas y bajos modales cívicos se dedican a verter las mismas en márgenes, engullendo lo poco que queda de cause al río, lugar de pastoreo para quienes se permiten tener animales en sus patios, sitio umbroso para caballos de carretones y cuyos dueños han encontrado el lugar ideal para el descanso de los equinos.


Este destartalado puente no nos hubiera llamado la atención al no ser por la Hermosa leyenda santaclareña que cuenta la historia del amor trunco entre dos jóvenes, acaecida en el lugar y la cual quiero transmitirles aquí, y que forma parte del caudal de leyendas y tradiciones del acerbo cultural de la ciudad de Marta.



“Leyenda de Los amantes del puente de los americanos”.



Los acontecimientos tuvieron lugar en la segunda década del siglo XX, debajo del llamado Puente de los americanos.


Cuentan y a mí no me crean, lo he escuchado de vos populi, difundido de una generación a otra, gracias a las historias y cuentos narrados por los más viejos que en esta fecha acaeció un romance entre dos jóvenes santaclareños, él era un joven apuesto de gallarda figura, nacido en lo que entonces se llamaba tren de lavado y planchado. Ella era agraciada, con esa mirada triste que siempre tienen aquellos que van a morir temprano con un corazón rebosante de amor.


No resultaba fácil en aquellos tiempos casarse, era costumbre que el novio fuera dando pequeñas partidas de dinero a la novia para que la misma adquiriera lo que se llamaba “habilitación o dote” lo que no era más que la compra del ajuar de casa (sábanas, fundas, toallas, ropa, utensilios de cocina, manteles, y todo lo relacionado con el hogar) que los prometidos quería formar, para aquellos a los que la suerte les había deparado una vida de cuantiosos recursos la empresa le era fácil, pero para los más pobres de la sociedad, tenían que reunir peseta a peseta para ir comprando lo necesario para su deseada boda, cosa que en algunos casos tomaba tiempo u años debido a la precaria situación, caso que atañe a nuestra joven pareja de enamorados.


Estaban en estos menesteres cuando la desdicha acaeció sobre la pareja. El joven comenzó a sentirse enfermo; a cada rato le daba fiebre, y una seca y pertinaz tos le acompañaba. Con muchas dificultades fue a la consulta de un médico local y el diagnóstico no podía ser más terrible: estaba tísico y sus posibilidades de curación eran muy escasas. La terrible peste blanca que tanto azotó a Cuba (La Tuberculosis, sin cura para la fecha), especialmente a los más humildes, había llegado a los pulmones del galán, el exceso de trabajo y la mala alimentación, habían dado sus terribles frutos.


Hablar de matrimonio en estas condiciones era una quimera, no era humano condenar a la viudez a una novia recién casada y el joven se lo dijo a su amada, no había otra solución que la separación definitiva, la reacción de la novia fue la de toda mujer enamorada, si no podían unirse en vida, se unirían en la muerte y así quedó convenido.


Cuenta la leyenda que una tarde, los dos enamorados se dirigieron hacia el Puente de los americanos. Al llegar al puente descendieron hasta el río y allí se dieron el último abrazo y beso. El disparó contra ella e inmediatamente se llevó el revólver a la sien quitándose la vida, segundos después, envueltos en la sangre de ambos quedaron los dos cadáveres hasta que llegó el juzgado para hacer el levantamiento de los mismos. Juntos fueron velados y unidos fueron llevados en sus respectivos féretros al cementerio.


Muchos años han pasado desde el trágico acontecimiento, Esta tragedia ya casi legendaria de los amantes del “Puente de los Americanos" se difundió de una generación a otra, todavía hoy algunos vecinos de zonas aledañas afirman que en horas avanzadas de la noche se pueden sentir los disparos que segaron las dos jóvenes vidas.


Fotos del Puente “General Monteagudo” ó “Puente del americano”





Galería de la Ciudad de Marta
Santa Clara:
Insignes

Articulos

Todo Mezclado

Logo-330 S Clara.png

© 2023 by The Book Lover. Proudly created with Wix.com

  • Facebook Social Icon
  • Twitter Social Icon
  • Google+ Social Icon
  • gmail.png
bottom of page